Personalidades relacionadas con las acciones desarrolladas en Ejercito Libertador territorio de Puerto Padre Primera Parte

vicentedealeinMayor General. Vicente García González, (1833-1886)

Nació en Las Tunas, Oriente, el 23.1.1833. Participó en las reuniones conspirativas de San Miguel de Rompe (4.8.1868) y de la hacienda Muñoz (1.9.1868), y presidió la reunión de El Mijial, el 4.10.1868, en la que se fijó el 14 de ese mes para llevar a cabo el levantamiento en armas por la independencia. No obstante, el día 11, después de producido el alzamiento de la Demajagua, comenzó a concentrar a los tuneros comprometidos en el potrero El Hormiguero, y dos días después atacó a su ciudad natal. Aunque no pudo tomarla completamente, la sitió y durante diez días hostigó duramente a las tropas españolas que acudían a reforzar su defensa. En los primeros diez meses de la guerra libró, entre otras, acciones combativas en Minas de Rompe, La Cuaba, El Hormiguero, arroyo La Palma, El Gramal, Becerra, finca Dolores, Miguel Ramos, Rompe, Diego Felipe, Río Blanco, Cristino Peña, La Cana, Parada y nuevamente Becerra. En julio de 1869 era ya Mayor General. Participó en el fallido ataque a Las Tunas que dirigió el Mayor General Manuel de Quesada, el 16.8.1869. A comienzos de 1870 fue nombrado jefe del distrito de Las Tunas y posteriormente del Departamento. Provisional del Cauto, que abarcaba los territorios de Jiguaní, Bayamo, Manzanillo y Las Tunas. Del 13 al 16.3.1870 combatió en Río Abajo, resistiendo con firmeza la llamada “Creciente de Balmaceda” en su región de operaciones. En abril de 1870 combatió en Las Cruces, Loreto y El Toledano; y en septiembre y octubre de ese año, en el rancho de Manuel Vicente Cruz, Flores, Pozo de la Plata y Santa Rita. El 19.8.1871 realizó tenaz defensa en su campamento de Santa Rita, ocasionándole grandes bajas al enemigo. El año 1871 lo concluyó con los combates de Vista Hermosa, San Joaquín, Las Lajas de Martiniano y Los Peladeros. En 1872 sostuvo los encuentros de La Juanita, Providencia, Lavado, Las Catas, La Dichosa, La Legua, Hambre Vieja, Monte Oscuro, Los Pitos, La Yaraguana, Lugoncito, Cristóbal Pérez, Raudal de la Lima, Santa Elena, Los Pasos y La Esperanza. El 12.10.1873 tomó el fuerte de La Zanja, al sur de Jobabo, y el 28.12.1873 fue designado para hacerse cargo de la Secretaría de la Guerra. El 13.3.1874 presentó su juramento como secretario de la Guerra. En septiembre de 1874 sustituyó interinamente al Mayor General Calixto García como jefe del Departamento Oriental (1 y 2 Campopo). ver más

Reglas heráldicas. Escudos de los municipos del norte tunero

El término escudo proviene del latín scutum y significa amparo, defensa o protección. Es el campo, superficie o espacio de distintas formas en que se pintan los blasones del mismo, o sea, cada pieza o figura de que consta. Las piezas resultan elementos decorativos desprovistos de significación. Por su parte las figuras representan cosas conocidas y pueden ser naturales como las estrellas, el sol o la luna, imágenes de personas o animales y vegetales como la palma real u otras plantas. Igualmente quiméricas, es decir, figuras mitológicas (dragones, centauros) y simbólicas como llaves, herramientas y aperos. Según las reglas de la heráldica o arte de describir los escudos, estos se disponen de acuerdo a reglas y se dividen en cuarteles donde se reflejan sus piezas y figuras. El escudo pierde definitivamente su valor defensivo con la aparición de las armas de fuego. Deviene entonces símbolo de resguardo, preservación y sostén de ideales patrióticos, principios morales, ideológicos y culturales. Es la representación del honor y la gloria de una región histórica, de un pueblo o una nación. ver más

Puerto Padre ¿Villa Azul o Villa de los Molinos?

Siempre he simpatizado con la historia que le atribuye el nombre de Puerto Padre a un diálogo entre un marinero y un cura a bordo de una de las carabelas de Cristóbal Colón. «¡Qué puerto, Padre!», aseguran que le dijo el marino al cura, extasiados ambos por la belleza desplegada ante sus ojos. No puedo dar fe de la autenticidad de esta parábola, pero cuentan que Puerto Padre se llama así desde entonces.

Realmente, se trata de una ciudad encantadora. «A pesar de ser pequeña, figura entre las más limpias y bellas de Cuba, con una fisonomía y un desarrollo cultural únicos, que reproducen en breve formato a las grandes urbes de anchas avenidas, paseos y malecón», dice de la localidad y de sus atributos una guía turística. Imagino a los portopadrenses hinchados de orgullo por tan elogiosa y merecida apología. Ellos suelen agradecer por toneladas cuanta palabra ensalce los atractivos de su terruño, y blasonan, entre otras cosas, de que la ubicación geográfica de la villa aparece reflejada con la denominación de PortusPatris desde el distante siglo XVI, en la cartografía del llamado Nuevo Mundo.

El epíteto de Villa Azul, que también identifica al carismático pueblo, debutó después, motivado quizás por la azulada tonalidad de su mar y de su cielo. El primero en emplearlo públicamente fue el periodista Manuel García Ayala, quien le dio vida en un poema suyo allá por los años 20 del siglo pasado. El apelativo ganó, raudo, el beneplácito de la gente. Tanto, que los comerciantes más avispados lo adoptaron como eslogan. ver más