El vergonzoso acto de rendirnos cuentas

El acto de rendir cuentas al pueblo nunca ha sido tarea fácil, sobre todo si la incompetencia de las autoridades ronda en círculos que no llevan a ninguna parte. Las Asambleas de Rendición de Cuentas en Cuba son un formalismo devenido en tiempo perdido.

Por Carlos Alberto Pérez

bandera1La crisis económica y el modelo de gestión estatal en las localidades han lacerado tanto estos espacios, que lo que debería ser un ejercicio de democracia ciudadana por excelencia, se ha convertido en un mero acto de formal presencia, excusas y pretextos de las autoridades sobre problemas sin soluciones.

¿Cómo sentirnos entonces al ser convocados por algún vecino, sabiendo que, como cada año, no ha cambiado nada? La inesperada visita insistía una y otra vez detrás de mi puerta, y aunque aquella noche contemplaba otra serie de planes previamente organizados, cuando el destino insiste a veces es mejor seguirle la corriente.

¿Ser o no ser?, es la diatriba que siempre me acecha al ser convocado a algo en lo que realmente cuesta trabajo creer. Esta no fue la excepción, sin embargo, acudir a la cita podría contar con un valor agregado. La situación de mi localidad es la peor en los últimos 25 años.

La gestión de la administración local es prácticamente nula, y el descontento ciudadano ansiaba una oportunidad como esta para exigir cuentas y soluciones a los responsables de tanto desastre. La noche prometía ser divertida.
Y como en efecto lo fue. En el momento de incorporarme, Luis me alertaba sobre mi pérdida de tiempo en aquella reunión sin sentido. Según sus cálculos, las respuestas a los reclamos serían las mismas del año pasado, o del antes pasado, o del antes del antes pasado…

Entre risas, acto seguido su esposa comenzó a enumerarlas una por una. No faltó tiempo para que su hijo y amigos se sumaran a la lista de predicciones no resueltas; y como siempre, Paco hizo una pregunta cualquiera para hacerse notar antes de escabullirse entre sombras.

La noche avanzaba y los temas de la agenda se repetían como predicción maldita. La complicidad entre dientes develó un zumbido de burlas y vaticinios. Un ex militar de voz ronca intervino para llamar la atención, mientras la delegada, como guión de telenovela, continuó su impasible discurso entre escusas y pretextos. Lamentablemente el augurio de mi amigo Luis se cumplía letra por letra, minuto a minuto.

La Delegada tenía respuestas para todo pero ni una solución a los problemas planteados.

Si la basura inunda las calles “es porque no hay suficientes tanques ni camiones recolectores”, es decir, que tendremos que acostumbrarnos a convivir entre ratas, y enfermedades infecciosas.
Si las calles continúan rotas es porque “hay lugares de mayor prioridad o el presupuesto del año no alcanzó para barrios periféricos”.
Si la crisis del agua celebra su nuevo aniversario es porque “nuestro pozo fue desviado hacia una obra social de vital importancia”.
Y por si fuera poco, si la violencia e indisciplinas sociales crecen cada día es porque “la jefa del Sector Policial está de licencia de maternidad”, mientras al mismo tiempo “el policía del pueblo salió de vacaciones”.

Transitar en círculos: el camino de los pasos perdidos
El acto de rendir cuentas al pueblo nunca ha sido una tarea fácil. Y si además, las autoridades se muestran incompetentes en el ejercicio del poder se corre el riesgo de caer en un círculo vicioso que lejos de contribuir al bien y desarrollo de la sociedad, pudiera resultar un arma de doble filo en el momento de rendir cuentas. Entonces la misión del funcionario público además de resultar difícil, pudiera llegar a ser vergonzosa.

Pero no es culpa de los Delegados en funciones. En Cuba el esquema de gobierno y la centralización de la economía no permite un modelo autónomo en provincias o municipios, ni mucho menos que los elegidos por el pueblo dispongan de recursos para resolver los problemas o desarrollo locales.
Recuerdo que con la ampliación del sector privado, la nueva política de lineamientos económicos aprobó que parte de los impuestos ingresados por ese sector podrían ser utilizados en el desarrollo de nuestras comunidades. Eso aún no se ha implementado.

Si se aplicase esta lógica, tan solo una parte de esos ingresos se podrían destinar a la proyección de iniciativas locales, sistematizar las colectas de basura, rehabilitar locales de deporte, recreación y cultura, pintar escuelas, crear medios alternativos de transporte, o construir hogares para ancianos entre muchas otras iniciativas.

Lo curioso es que sin pedirle un centavo al Estado, el trabajo arduo de los propios ciudadanos podría generar un alto impacto en la economía interna incentivando el desarrollo comunitario; algo donde hasta el momento el modelo de país ha demostrado durante décadas ser ineficiente y falto de iniciativas.

Entonces me pregunto: ¿cuál sería el desenlace de una asamblea de barrio después de un año de grandes ingresos desde el sector privado, y tras una buena gestión administrativa aplicada a obras de bien público en nuestra comunidad?
Quizás sea hora de soltar un poco las riendas y darle al pueblo y a las autoridades sus deberes y responsabilidades. Este podría ser un buen comienzo si se entendiera que cuando se trate del bien común, este es un país que pertenece a todos.

Deja un comentario

El nombre y el correo electrónico son necesarios. Tu correo electrónico no será publicado.