El fortón de la Chambelona

El Fortón de la Chambelona, que debe su nombre a la guerrita que en febrero de 1917 protagonizaron Liberales y Conservadores.

El Fortón de la Chambelona, que debe su nombre a la guerrita que en febrero de 1917 protagonizaron Liberales y Conservadores.

Aún erguido, pero acosado por los imperativos del desarrollo industrial, pugna por no desplomarse una de las fortificaciones levantadas en Chaparra en ocasión de la farándula electoral de la seudo-república, cuando el mayor general Mario García Menocal y Deop pretendió y finalmente logró reelegirse como Presidente de la República, apoyado por el Partido Conservador.

Al este del poblado se halla el llamado Fortón de la Chambelona, que debe su nombre a la guerrita que en febrero de 1917 protagonizaron Liberales y Conservadores. Muy cerca le pasa el ferrocarril, en un entramado de paralelas  que lo acorralan por dos de sus laterales. Al otro lado, después de un casi siempre enlodado camino, pretende humillarlo la fábrica de tableros con su gigantesca estructura metálica, que para colmo se complementa con un transportador aéreo de bagazo que también le roba un pedazo del entorno. A pesar de todo, con su presencia afincada firmemente al suelo nos señala una historia casi olvidada.

Es de forma circular, de mampostería y ladrillos sin recubrir, con un radio un poco mayor de tres metros, un grosor de cerca de cincuenta centímetros y una altura de más de cuatro metros. Posee aspilleras dobles a su alrededor, una para combatir de pie y otra a mayor altura, para lo cual posee en su interior una plataforma de madera a la que se llega por una escalera de peldaños. Sólo tiene una pequeña puerta de acceso que da al este.

Debía tener techo, aunque nadie nos ha podido informar cómo era originalmente. Nos imaginamos que pudo ser en forma de cono o embudo invertido, ya que esa es la forma  que más se ajusta a su estructura, muy parecida a las fortificaciones españolas de tiempos de la guerra de independencia.

Charles Ingram me contó un día, que por ser Chaparra una plaza fuerte de los Conservadores, se construyeron seis de esos fortines, que rodeaban totalmente al poblado. Había uno cerca de la panadería de Pueblo Viejo, otro en Vista Alegra, uno más en el barrio del Cenicero, otro en las alturas de la Calle 23 y también uno en el barrio Cristal del Batey, que junto al que todavía los embates del tiempo no ha podido doblegar, constituían todo un sistema defensivo local.

Chaparra se hizo popular en todo el país, por obra y gracia de las componendas politiqueras de esos años. Como Menocal se elevó de administrador de un central azucarero norteamericano a Presidente de la República de Cuba, casi igualmente propiedad de los ya mencionados dueños, que con seguridad colaboraron con el prodigioso salto, no pudo evitar que endilgaran el epíteto de Mayoral de Chaparra, porque todo parece indicar que a escala mayor pretendió poner en práctica los métodos de ordeno y mando conque aquí gobernó por más de trece años. 

Todavía se recuerda el himno de guerra de los Conservadores que decía:

Tumba la caña

anda ligero,

Mira que viene Menocal

Sonando el cuero.

A lo que los Liberales respondieron con el punzante estribillo, recordando la supuesta procedencia del presidente y su esposa:

Menocal para Chaparra,

Marianita pa’ la zona.

Ae, ae, ae la chambelona.

La zona de referencia, no era más que los prostíbulos o burdeles, que en esos años proliferaban en la capital, véase la carga ofensiva. 

De todas formas el cubano de esa época, como de las posteriores tomó en broma esa farsa y gozaba de lo lindo en tiempos electorales o en fiestas carnavalescas, arrollando por las calles polvorientas de pueblos o ciudades al compás de tambores y cencerros, con el rítmico sonsonete ae, ae, ae la Chambelona…

No me atrevo a asegurarlo, pero creo que este fortón es uno de los pocos de su tipo que todavía  existen en el país. Sus paredes resuman un pasado que debemos mostrar a las presentes y futuras generaciones;  de gobiernos corruptos, de quítate tu para ponerme yo. De una etapa oscura y negativa a  la que no pensamos retornar, pero que también es parte de  nuestra propia historia.

Entonces, salvemos ese patrimonio, ¿Por qué no?

 

Fuentes.

Investigaciones Históricas de Omar Villafruela Infante. Historiador de Chaparra.

Un comentario en “El fortón de la Chambelona

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